jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 14.

Esa noche la lluvia se convirtió en una fuerte tormenta que parecía salir de las mismísimas entrañas del cielo. Daniel la observaba desde el balcón, maravillado por el juego de luces y sonidos.
-Vamos, Daniel, apártate de ahí-le dijo María. Tenía la mirada recelosa, desconfiada.
-¿Qué sucede?-dijo él, corriendo las cortinas de la terraza.
-Noto... algo.-María estaba asustada, nerviosa. Como un ratón que oye a un gato y alza las orejas con miedo y expectación.
-Debe de ser la lluvia. A los demonios nunca os ha gustado la lluvia-dijo Daniel divertido. Era una de sus cosas favoritas.
-Demasiado purificante-hizo una mueca María. Luego sonrió.-Sin embargo, nos encantan las tormentas-señaló por la ventana.
-Entonces, a lo mejor se debe a que estás cansada.
-Tienes razón, me voy a dormir-dijo dirigiéndose a su habitación.-¡Buenas noches!-dijo cerrando la puerta de la habitación.
-Buenas noches-susurró Daniel.
Dorothea también se fue a dormir cinco minutos después, dejando al ángel solo con sus pensamientos. O no tan solo...
Puso uno de los discos de vinilo a rodar, dejando que apartase de su mente el ruido de la tormenta. Se recostó en el sofá y cerró los ojos.
La voz de María le llegaba suave, tan lejana como las estrellas y tan melancólica como un día gris. Pero una voz grave se puso por encima al decir:
-Tanto talento... Tiene una voz asombrosa, de veras.
Daniel abrió los ojos, sobresaltado, mientras se incorporaba en el sofá, alerta.
Una sombra se recortaba contra las luces de la tormenta. Una silueta fornida y oscura que hubiese hecho temblar a cualquier mortal. Un rayo le iluminó la cara por un instante, dejando ver una expresión de enfado disimulada tras una sonrisa aterradora. Y ese instante bastó para que Daniel lo reconociese.
Addu.
Por fin había venido a acabar con él.
-Has tardado mucho-le dijo Daniel con tranquilidad.
-Me gustaba perseguirte como la rata que eres-replicó con desprecio.
-Creo que ese insulto es en realidad para camuflar el hecho de que te ha costado encontrarme-dijo Daniel con una media sonrisa, cruzándose de piernas desgarbadamente.
-No eres rival para mí, ángel-masculló Addu. Estaba todavía más cabreado. Una ceja le palpitaba en un tic nervioso y la boca se le transformó en una mueca casi animal.
-Claro que lo soy-rió Daniel.-Sino no te hubieses dignado a perseguirme.
Addu estaba realmente furioso. ¿Cómo ese estúpido ángel se atrevía a burlarse de él.
-Debo admitir que me ha sorprendido el detalle de la tormenta. Una pista muy clara y amable por tu parte-le dijo a Addu. Acababa de darse cuenta de que coincidía la tormenta y la sensación extraña de María. Solo podía haber sido Addu, para eso era el demonio de la tormenta.
-Cualquier cosa por hacer el juego más divertido-dijo Addu acercándose a él.
-No creo que a Dios y a Lucifer les parezca un juego-comentó Daniel como quien habla del tienpo.
-No tienen por qué enterarse-Addu se acercó más.-¿Quién se lo va a decir? ¿Tú? Para entonces ya estarás muerto.
-Yo no contaría con ello, Addu.-La voz de María salió del disco para amenazarle. La música seguía sonando, pero no había tiempo para prestar demasiada atención.
-María...-saludó Addu con asco.-Eres una traidora para tu especie. Esconder a un ángel...-dijo como si hubiese cometido un pecado impensable.
-Que yo sepa no estoy rompiendo ninguna de las Reglas-contestó ella, acercándose a él con tranquilidad.
-Solo empiezo una nueva era-dijo Addu con orgullo.-Hago lo que debería haberse hecho desde el principio: exterminar a los ángeles.
-No eres tú el que debe decidir eso-dice Daniel.-Ya sabes lo que pasará.
-Sí, los demonios nos quitaremos de en medio a lo que últimamente se ha convertido en una plaga-dijo con asco, mirándole con superioridad.
-El mundo no puede vivir sin ángeles. Acabaríais detruyendoos unos a otros-dijo Daniel.
-¿Y puede vivir sin demonios?-preguntó Addu.
-Hace millones de años, antes de que existiesen los demonios, vivíamos sin ellos. ¿Debo recordarte que te queda algo de ángel?
-No me queda nada-digo con repugnancia. Entonces se giró hacia María, que los observaba.-María, todavía puedes rectificar. Eres un demonio, ven con tu familia. No nos des la espalda por un simple ángel. O serás una traidora para todos nosotros.
Con esas palabras provocó un dilema en la cabeza de María. Solo había dos opciones: ser una traidora para toda su especie y abandonarles por Daniel, o cogerle de la mano a Addu y volver con él a ser la de antes.

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